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 Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro.      El engaño y La Engaña                           La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición  Engaña  posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.           Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un  trompe l’oeil  o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de  gulag,  a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos,   sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.           Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.           De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.           Hay que entender, sin embargo, que  Engaña  no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.     Fernando Zamanillo Peral

Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro.

 

El engaño y La Engaña

 

        

         La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición Engaña posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.

         Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un trompe l’oeil o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de gulag, a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos, sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.

         Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.

         De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.

         Hay que entender, sin embargo, que Engaña no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.

 

Fernando Zamanillo Peral

 ENGAÑA (Bosque y barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015

ENGAÑA (Bosque y barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015

 ENGAÑA (Vista desde los barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015

ENGAÑA (Vista desde los barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015

 ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015

ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015

 ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm.

ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm.

 ENGAÑA (apuntalamiento). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015

ENGAÑA (apuntalamiento). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015

 ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación de. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016

ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación de. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016

 ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015

ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015

 ENGAÑA (Tapar y construir). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015

ENGAÑA (Tapar y construir). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015

 ENGAÑA (Capilla). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal cm. 37 x 31 cm. 2015

ENGAÑA (Capilla). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal cm. 37 x 31 cm. 2015

 ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015.

ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015.

 ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015.

 ENGAÑA (Funeral). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016.

ENGAÑA (Funeral). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016.

Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro.

 

El engaño y La Engaña

 

        

         La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición Engaña posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.

         Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un trompe l’oeil o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de gulag, a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos, sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.

         Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.

         De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.

         Hay que entender, sin embargo, que Engaña no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.

 

Fernando Zamanillo Peral

ENGAÑA (Bosque y barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015

ENGAÑA (Vista desde los barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015

ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015

ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm.

ENGAÑA (apuntalamiento). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015

ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación de. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016

ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015

ENGAÑA (Tapar y construir). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015

ENGAÑA (Capilla). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal cm. 37 x 31 cm. 2015

ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015.

ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Funeral). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016.

 Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro.      El engaño y La Engaña                           La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición  Engaña  posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.           Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un  trompe l’oeil  o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de  gulag,  a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos,   sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.           Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.           De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.           Hay que entender, sin embargo, que  Engaña  no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.     Fernando Zamanillo Peral
 ENGAÑA (Bosque y barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015
 ENGAÑA (Vista desde los barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015
 ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015
 ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm.
 ENGAÑA (apuntalamiento). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015
 ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación de. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016
 ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015
 ENGAÑA (Tapar y construir). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015
 ENGAÑA (Capilla). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal cm. 37 x 31 cm. 2015
 ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015.
 ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015.
 ENGAÑA (Funeral). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016.