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 Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro.  Image of the exhibition Engaña, Siboney Gallery. Santander. 2016 Installation consisting of fragments of the original floor Engaña Tunnel, cement and iron material.       El engaño y La Engaña                           La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición  Engaña  posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.           Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un  trompe l’oeil  o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de  gulag,  a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos,   sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.           Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.           De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.           Hay que entender, sin embargo, que  Engaña  no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.     Fernando Zamanillo.        Engaña: the Big Lie and what lies behind it               Javier Arce’s creativity and esthetic sense, his perception of historical reality and his well-known capacity for figurative—that is, metaphoric—transposition reveal an eminently conceptual approach that nonetheless takes form, finally, in an objectual fashion as a staged installation or a seemingly conventional exhibition of images related to a series of historical events and their settings. This conceptual approach, which appears in Javier Arce’s earlier works as well as in the exhibition that concerns us here, insures that his idea or ideas invariably prevail over the formal and tangible. Thus, each part of the exhibition titled Engaña bears a specific meaning that links to the next to form a continuous allegorical whole.       Javier Arce formally manifests the big lie in his show at the galleria Siboney as a staged trompe l’oeil with overlapping chunks of original pavement from the main tunnel at La Engaña. On the walls, he adds images that expose the realities of the narrated event: the enormous and cruel “big lie” perpetrated by the Franco dictatorship over the course of eighteen years (1941-1959) as it revived, launched, activated and continued an old project from the beginning of the 20th century. It was easy to see that this project would never be completed, as the numerous factors opposing it included specific political pressures, biased economic forecasts by certain sectors interested in insuring that that would be the case, as well as shortfalls, budget cuts and changing five-year plans, among others. Most of all, however, its cruelty remains, and to this day it is patent in the fact that, during the first five years—between 1941 and 1945—the burden of constructing the railways and tunnels rested on the tired shoulders and calloused hands of Republican political prisoners. Following a war they, themselves, provoked, the Nationalists first built their versions of gulags in the provinces of Santander and Burgos, with guarded installations that included all sorts of buildings, such as living quarters, barracks, schools and chapels. This leads to the conclusion that the original objective combined construction of both the final stretch of the unsuccessful Santander-Mediterráneo Railroad and a concentration camp.       Following the general pardon of 1945, many of these prisoners continued working until 1959 as employees of a private construction company that took over the projects and also brought in a multitude of laborers from southern and central Spain who moved there in hopes of escaping poverty and hunger. And, while this is not the place to further detail the tragic consequences of this failed project, we should point out that it was responsible for numerous deaths and grave illnesses over the course of those years.       Given all of the above, it is not difficult to deduce the allegorical sense borne by the works in this show. Those that might have struck us as straightforward reddish watercolors are sanguina in the truest sense of the word, as they were made with Javier Arce’s own blood. We can thus conclude and understand the artist’s testimonial intention to pay homage to all who suffered that experience, and to fulfill his commitment to historical memory. Another important formal aspect of this work pertains to the previously mentioned allegorical concatenation of elements: the fact that these works are framed with wood from over a dozen different species native to the region where the tunnel was dug, including chestnut, ash, oak, maple and yew.       Still, it is important to grasp that this exhibition, Engaña, is not a graphic description of past history, nor is it solely testimonial, although testimony is implicit in this dedicatory and committed show, all of whose parts—especially the magnificent “sanguina” images—are imbued with an extraordinarily expressive, disquieting and moving strength.             Fernando Zamanillo Peral              

Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro. Image of the exhibition Engaña, Siboney Gallery. Santander. 2016 Installation consisting of fragments of the original floor Engaña Tunnel, cement and iron material.

 

El engaño y La Engaña

 

        

         La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición Engaña posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.

         Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un trompe l’oeil o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de gulag, a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos, sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.

         Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.

         De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.

         Hay que entender, sin embargo, que Engaña no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.

 

Fernando Zamanillo.

 

Engaña: the Big Lie and what lies behind it

 

 Javier Arce’s creativity and esthetic sense, his perception of historical reality and his well-known capacity for figurative—that is, metaphoric—transposition reveal an eminently conceptual approach that nonetheless takes form, finally, in an objectual fashion as a staged installation or a seemingly conventional exhibition of images related to a series of historical events and their settings. This conceptual approach, which appears in Javier Arce’s earlier works as well as in the exhibition that concerns us here, insures that his idea or ideas invariably prevail over the formal and tangible. Thus, each part of the exhibition titled Engaña bears a specific meaning that links to the next to form a continuous allegorical whole.

 Javier Arce formally manifests the big lie in his show at the galleria Siboney as a staged trompe l’oeil with overlapping chunks of original pavement from the main tunnel at La Engaña. On the walls, he adds images that expose the realities of the narrated event: the enormous and cruel “big lie” perpetrated by the Franco dictatorship over the course of eighteen years (1941-1959) as it revived, launched, activated and continued an old project from the beginning of the 20th century. It was easy to see that this project would never be completed, as the numerous factors opposing it included specific political pressures, biased economic forecasts by certain sectors interested in insuring that that would be the case, as well as shortfalls, budget cuts and changing five-year plans, among others. Most of all, however, its cruelty remains, and to this day it is patent in the fact that, during the first five years—between 1941 and 1945—the burden of constructing the railways and tunnels rested on the tired shoulders and calloused hands of Republican political prisoners. Following a war they, themselves, provoked, the Nationalists first built their versions of gulags in the provinces of Santander and Burgos, with guarded installations that included all sorts of buildings, such as living quarters, barracks, schools and chapels. This leads to the conclusion that the original objective combined construction of both the final stretch of the unsuccessful Santander-Mediterráneo Railroad and a concentration camp.

 Following the general pardon of 1945, many of these prisoners continued working until 1959 as employees of a private construction company that took over the projects and also brought in a multitude of laborers from southern and central Spain who moved there in hopes of escaping poverty and hunger. And, while this is not the place to further detail the tragic consequences of this failed project, we should point out that it was responsible for numerous deaths and grave illnesses over the course of those years.

 Given all of the above, it is not difficult to deduce the allegorical sense borne by the works in this show. Those that might have struck us as straightforward reddish watercolors are sanguina in the truest sense of the word, as they were made with Javier Arce’s own blood. We can thus conclude and understand the artist’s testimonial intention to pay homage to all who suffered that experience, and to fulfill his commitment to historical memory. Another important formal aspect of this work pertains to the previously mentioned allegorical concatenation of elements: the fact that these works are framed with wood from over a dozen different species native to the region where the tunnel was dug, including chestnut, ash, oak, maple and yew.

 Still, it is important to grasp that this exhibition, Engaña, is not a graphic description of past history, nor is it solely testimonial, although testimony is implicit in this dedicatory and committed show, all of whose parts—especially the magnificent “sanguina” images—are imbued with an extraordinarily expressive, disquieting and moving strength.

 

Fernando Zamanillo Peral

 

 

 

 

  ENGAÑA (Bosque y barracones).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015.   ENGAÑA (BOSQUE Y BARRACONES).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Tilo.36,5 x 49 cm.

ENGAÑA (Bosque y barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015. ENGAÑA (BOSQUE Y BARRACONES). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Tilo.36,5 x 49 cm.

  ENGAÑA (Vista desde los barracones).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015.   ENGAÑA (Vista desde los barracones).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Nogal.

ENGAÑA (Vista desde los barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015. ENGAÑA (Vista desde los barracones). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Nogal.

  ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015.   ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Arce. 50 x 36,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015. ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Arce. 50 x 36,5 cm. 2015.

  ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada).  Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm.   ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada).   Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 37 cm. wood frame yew 28,5 x 31 cm.

ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm. ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada).  Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 37 cm. wood frame yew 28,5 x 31 cm.

  ENGAÑA (apuntalamiento).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015.   ENGAÑA (apuntalamiento).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame  chestnut .37,5 x 49 cm. 2015.

ENGAÑA (apuntalamiento). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015. ENGAÑA (apuntalamiento). My blood on Hahnemühle paper, wood frame chestnut.37,5 x 49 cm. 2015.

  ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016.   ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación).  My blood on paper Hahnemühle, Birch wood frame.37,5 x 48 cm. 2016.

ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016. ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación). My blood on paper Hahnemühle, Birch wood frame.37,5 x 48 cm. 2016.

  ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015.   ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame ash tree. 37,5 x 49,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015. ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). My blood on Hahnemühle paper, wood frame ash tree. 37,5 x 49,5 cm. 2015.

  ENGAÑA (Tapar y construir) . Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015.   ENGAÑA(Tapar y construir).  My blood on paper Hahnemühle, Oak wood frame. 28 x 38 cm. 2015.

ENGAÑA (Tapar y construir). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015. ENGAÑA(Tapar y construir). My blood on paper Hahnemühle, Oak wood frame. 28 x 38 cm. 2015.

  ENGAÑA (Capilla).  Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal37 x 31 cm. 2015.   ENGAÑA (Capilla).  Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague 37 x 31 cm and walnut 37 x 31 cm. 2015.

ENGAÑA (Capilla). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal37 x 31 cm. 2015. ENGAÑA (Capilla). Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague 37 x 31 cm and walnut 37 x 31 cm. 2015.

  ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015.   ENGAÑA(Poblado de La Engaña en la boca sur).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague. 31,5 x 40 cm. 2015.

ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015. ENGAÑA(Poblado de La Engaña en la boca sur). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague. 31,5 x 40 cm. 2015.

  ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015.   ENGAÑA (Playas de vías del Santander-Mediterraneo).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame elm. 36,3 x 48,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015. ENGAÑA (Playas de vías del Santander-Mediterraneo). My blood on Hahnemühle paper, wood frame elm. 36,3 x 48,5 cm. 2015.

  ENGAÑA (Funeral).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016.   ENGAÑA (Funeral).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 33 cm. 2016.

ENGAÑA (Funeral). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016. ENGAÑA (Funeral). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 33 cm. 2016.

Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro. Image of the exhibition Engaña, Siboney Gallery. Santander. 2016 Installation consisting of fragments of the original floor Engaña Tunnel, cement and iron material.

 

El engaño y La Engaña

 

        

         La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición Engaña posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.

         Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un trompe l’oeil o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de gulag, a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos, sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.

         Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.

         De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.

         Hay que entender, sin embargo, que Engaña no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.

 

Fernando Zamanillo.

 

Engaña: the Big Lie and what lies behind it

 

 Javier Arce’s creativity and esthetic sense, his perception of historical reality and his well-known capacity for figurative—that is, metaphoric—transposition reveal an eminently conceptual approach that nonetheless takes form, finally, in an objectual fashion as a staged installation or a seemingly conventional exhibition of images related to a series of historical events and their settings. This conceptual approach, which appears in Javier Arce’s earlier works as well as in the exhibition that concerns us here, insures that his idea or ideas invariably prevail over the formal and tangible. Thus, each part of the exhibition titled Engaña bears a specific meaning that links to the next to form a continuous allegorical whole.

 Javier Arce formally manifests the big lie in his show at the galleria Siboney as a staged trompe l’oeil with overlapping chunks of original pavement from the main tunnel at La Engaña. On the walls, he adds images that expose the realities of the narrated event: the enormous and cruel “big lie” perpetrated by the Franco dictatorship over the course of eighteen years (1941-1959) as it revived, launched, activated and continued an old project from the beginning of the 20th century. It was easy to see that this project would never be completed, as the numerous factors opposing it included specific political pressures, biased economic forecasts by certain sectors interested in insuring that that would be the case, as well as shortfalls, budget cuts and changing five-year plans, among others. Most of all, however, its cruelty remains, and to this day it is patent in the fact that, during the first five years—between 1941 and 1945—the burden of constructing the railways and tunnels rested on the tired shoulders and calloused hands of Republican political prisoners. Following a war they, themselves, provoked, the Nationalists first built their versions of gulags in the provinces of Santander and Burgos, with guarded installations that included all sorts of buildings, such as living quarters, barracks, schools and chapels. This leads to the conclusion that the original objective combined construction of both the final stretch of the unsuccessful Santander-Mediterráneo Railroad and a concentration camp.

 Following the general pardon of 1945, many of these prisoners continued working until 1959 as employees of a private construction company that took over the projects and also brought in a multitude of laborers from southern and central Spain who moved there in hopes of escaping poverty and hunger. And, while this is not the place to further detail the tragic consequences of this failed project, we should point out that it was responsible for numerous deaths and grave illnesses over the course of those years.

 Given all of the above, it is not difficult to deduce the allegorical sense borne by the works in this show. Those that might have struck us as straightforward reddish watercolors are sanguina in the truest sense of the word, as they were made with Javier Arce’s own blood. We can thus conclude and understand the artist’s testimonial intention to pay homage to all who suffered that experience, and to fulfill his commitment to historical memory. Another important formal aspect of this work pertains to the previously mentioned allegorical concatenation of elements: the fact that these works are framed with wood from over a dozen different species native to the region where the tunnel was dug, including chestnut, ash, oak, maple and yew.

 Still, it is important to grasp that this exhibition, Engaña, is not a graphic description of past history, nor is it solely testimonial, although testimony is implicit in this dedicatory and committed show, all of whose parts—especially the magnificent “sanguina” images—are imbued with an extraordinarily expressive, disquieting and moving strength.

 

Fernando Zamanillo Peral

 

 

 

 

ENGAÑA (Bosque y barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015. ENGAÑA (BOSQUE Y BARRACONES). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Tilo.36,5 x 49 cm.

ENGAÑA (Vista desde los barracones). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015. ENGAÑA (Vista desde los barracones). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Nogal.

ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015. ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Arce. 50 x 36,5 cm. 2015.

ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm. ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada).  Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 37 cm. wood frame yew 28,5 x 31 cm.

ENGAÑA (apuntalamiento). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015. ENGAÑA (apuntalamiento). My blood on Hahnemühle paper, wood frame chestnut.37,5 x 49 cm. 2015.

ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016. ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación). My blood on paper Hahnemühle, Birch wood frame.37,5 x 48 cm. 2016.

ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015. ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros). My blood on Hahnemühle paper, wood frame ash tree. 37,5 x 49,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Tapar y construir). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015. ENGAÑA(Tapar y construir). My blood on paper Hahnemühle, Oak wood frame. 28 x 38 cm. 2015.

ENGAÑA (Capilla). Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal37 x 31 cm. 2015. ENGAÑA (Capilla). Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague 37 x 31 cm and walnut 37 x 31 cm. 2015.

ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015. ENGAÑA(Poblado de La Engaña en la boca sur). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague. 31,5 x 40 cm. 2015.

ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015. ENGAÑA (Playas de vías del Santander-Mediterraneo). My blood on Hahnemühle paper, wood frame elm. 36,3 x 48,5 cm. 2015.

ENGAÑA (Funeral). Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016. ENGAÑA (Funeral). My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 33 cm. 2016.

 Imagen de la exposición Engaña, Galería Siboney. Santander. 2016. Instalación compuesta por fragmentos del suelo original del Túnel de La Engaña, material cemento y hierro.  Image of the exhibition Engaña, Siboney Gallery. Santander. 2016 Installation consisting of fragments of the original floor Engaña Tunnel, cement and iron material.       El engaño y La Engaña                           La creatividad y sentido estético de Javier Arce, su percepción de la realidad histórica y su reconocida capacidad de translación figurada, es decir, metafórica, desvelan una actitud eminentemente conceptual, pese a que esta se materialice en último término de modo objetual, por medio de la instalación escenográfica y la exposición aparentemente convencional de cuadros referenciales de unos hechos históricos y de los lugares en  que estos se produjeron. Esta actitud conceptual de Javier Arce, tanto en su obra pasada, como en la presente que ahora nos ocupa, hace que en todo momento la idea o ideas prevalezcan sobre lo formal y tangible, de manera, pues, que cada parte que compone la exposición  Engaña  posee un sentido específico, concatenándose cada una con la siguiente en un todo continuo alegórico.           Javier Arce manifiesta formalmente el engaño en la muestra de la galería Siboney como un  trompe l’oeil  o trampantojo escenográfico, al superponer trozos del suelo original del túnel principal de La Engaña, pero también a través de las imágenes parietales que expone, las cuales desenmascaran el hecho relatado, es decir, el enorme y cruel “engaño” cometido durante la dictadura franquista al resucitar, iniciar, poner en práctica y seguir acometiendo durante dieciocho años (1941-1959) un viejo proyecto de principios del siglo XX que no era difícil intuir que no se iba a finalizar nunca, por la conjunción de múltiples factores en contra, como determinadas presiones políticas e interesadas previsiones económicas de algunos sectores decididos a que esto sucediera, además de desajustes y recortes presupuestarios, cambios de planes quinquenales, entre otros. Pero, sobre todo, su crueldad quedó y permanece bien patente para la Historia en el hecho de que el peso de la construcción de vías y túneles recaía en los primeros cinco años, entre 1941 y 1945, sobre los cansados hombros y encallecidas manos de presos políticos republicanos, tras una guerra que las fuerzas nacionalistas habían provocado, levantando en primer lugar, a modo de  gulag,  a uno y otro lado de las dos provincias de Santander y Burgos,   sendos poblados vigilados y dotados de servicios, que incluían todo tipo de construcciones, como viviendas, barracones, escuelas y edificios de capillas religiosas. De este modo, pues, podemos concluir que a la finalidad original de la construcción de este último tramo del fracasado Ferrocarril Santander-Mediterráneo se sumó también la propia de un campo de concentración.           Después del indulto de 1945, muchos de esos reclusos siguieron trabajando hasta 1959 a las órdenes de una empresa constructora civil que se hizo cargo de la continuación de las obras, empresa que aportó a su vez multitud de trabajadores inmigrantes que procedían del sur y centro de España, empujados por la pobreza y el hambre. No siendo este, pues, el lugar para seguir incidiendo sobre las consecuencias trágicas que se desprendieron de esta obra fracasada, sí es obligado manifestar que se produjeron muertes y graves enfermedades por su causa a lo largo de aquellos años.           De lo anteriormente expuesto no es difícil deducir el sentido alegórico contenido en las obras de esta exposición: las que nos pudieren parecer meras acuarelas purpúreas, son verdaderas sanguinas en el significado más prístino u original de la palabra, pues están hechas con la propia sangre de Javier Arce. De ello hemos de colegir y entender la intención testimonial de homenaje por parte del artista a todos aquellos que sufrieron semejante experiencia, dando también cumplimiento a su compromiso con la memoria histórica. Otro aspecto formal importante y que también conviene subrayar, pues es parte de la anteriormente aludida concatenación alegórica de elementos, es que los marcos de las obras están conformados con maderas de árboles autóctonos que crecen en la región pasiega del túnel, como son el castaño, el haya, el roble, el arce y el tejo, entre otros, hasta completar una larga decena.           Hay que entender, sin embargo, que  Engaña  no es una exposición  descriptiva gráficamente de una historia del pasado, ni solamente testimonial, ya que el testimonio está implícito, sino una muestra dedicatoria y comprometida, en la que todos sus componentes, y en especial las magníficas imágenes de las “sanguinas”, están dotados de una extraordinaria fuerza expresiva, inquietante y conmovedora.     Fernando Zamanillo.        Engaña: the Big Lie and what lies behind it               Javier Arce’s creativity and esthetic sense, his perception of historical reality and his well-known capacity for figurative—that is, metaphoric—transposition reveal an eminently conceptual approach that nonetheless takes form, finally, in an objectual fashion as a staged installation or a seemingly conventional exhibition of images related to a series of historical events and their settings. This conceptual approach, which appears in Javier Arce’s earlier works as well as in the exhibition that concerns us here, insures that his idea or ideas invariably prevail over the formal and tangible. Thus, each part of the exhibition titled Engaña bears a specific meaning that links to the next to form a continuous allegorical whole.       Javier Arce formally manifests the big lie in his show at the galleria Siboney as a staged trompe l’oeil with overlapping chunks of original pavement from the main tunnel at La Engaña. On the walls, he adds images that expose the realities of the narrated event: the enormous and cruel “big lie” perpetrated by the Franco dictatorship over the course of eighteen years (1941-1959) as it revived, launched, activated and continued an old project from the beginning of the 20th century. It was easy to see that this project would never be completed, as the numerous factors opposing it included specific political pressures, biased economic forecasts by certain sectors interested in insuring that that would be the case, as well as shortfalls, budget cuts and changing five-year plans, among others. Most of all, however, its cruelty remains, and to this day it is patent in the fact that, during the first five years—between 1941 and 1945—the burden of constructing the railways and tunnels rested on the tired shoulders and calloused hands of Republican political prisoners. Following a war they, themselves, provoked, the Nationalists first built their versions of gulags in the provinces of Santander and Burgos, with guarded installations that included all sorts of buildings, such as living quarters, barracks, schools and chapels. This leads to the conclusion that the original objective combined construction of both the final stretch of the unsuccessful Santander-Mediterráneo Railroad and a concentration camp.       Following the general pardon of 1945, many of these prisoners continued working until 1959 as employees of a private construction company that took over the projects and also brought in a multitude of laborers from southern and central Spain who moved there in hopes of escaping poverty and hunger. And, while this is not the place to further detail the tragic consequences of this failed project, we should point out that it was responsible for numerous deaths and grave illnesses over the course of those years.       Given all of the above, it is not difficult to deduce the allegorical sense borne by the works in this show. Those that might have struck us as straightforward reddish watercolors are sanguina in the truest sense of the word, as they were made with Javier Arce’s own blood. We can thus conclude and understand the artist’s testimonial intention to pay homage to all who suffered that experience, and to fulfill his commitment to historical memory. Another important formal aspect of this work pertains to the previously mentioned allegorical concatenation of elements: the fact that these works are framed with wood from over a dozen different species native to the region where the tunnel was dug, including chestnut, ash, oak, maple and yew.       Still, it is important to grasp that this exhibition, Engaña, is not a graphic description of past history, nor is it solely testimonial, although testimony is implicit in this dedicatory and committed show, all of whose parts—especially the magnificent “sanguina” images—are imbued with an extraordinarily expressive, disquieting and moving strength.             Fernando Zamanillo Peral              
  ENGAÑA (Bosque y barracones).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Tilo. 36,5 x 49 cm. 2015.   ENGAÑA (BOSQUE Y BARRACONES).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Tilo.36,5 x 49 cm.
  ENGAÑA (Vista desde los barracones).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Nogal. 36,5 x 49 cm. 2015.   ENGAÑA (Vista desde los barracones).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Nogal.
  ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Arce. 50 x 36,5 cm. 2015.   ENGAÑA (Obreros del túnel de La Engaña).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Arce. 50 x 36,5 cm. 2015.
  ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada).  Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto 30 x 37 cm. Marco madera de Tejo 28,5 x 31 cm.   ENGAÑA (El puño de Jacobo Roldan Losada).   Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 37 cm. wood frame yew 28,5 x 31 cm.
  ENGAÑA (apuntalamiento).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera Castaño. 37,5 x 49 cm. 2015.   ENGAÑA (apuntalamiento).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame  chestnut .37,5 x 49 cm. 2015.
  ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Abedul. 37,5 x 48 cm. 2016.   ENGAÑA (Equipo de avance durante la perforación).  My blood on paper Hahnemühle, Birch wood frame.37,5 x 48 cm. 2016.
  ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Fresno. 37,5 x 49,5 cm. 2015.   ENGAÑA (Derrumbe a 5 kilómetros).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame ash tree. 37,5 x 49,5 cm. 2015.
  ENGAÑA (Tapar y construir) . Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Roble. 28 x 38 cm. 2015.   ENGAÑA(Tapar y construir).  My blood on paper Hahnemühle, Oak wood frame. 28 x 38 cm. 2015.
  ENGAÑA (Capilla).  Díptico. Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya 37 x 31 cm y Nogal37 x 31 cm. 2015.   ENGAÑA (Capilla).  Diptych. My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague 37 x 31 cm and walnut 37 x 31 cm. 2015.
  ENGAÑA (Poblado de La Engaña en la boca sur).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Haya. 31,5 x 40 cm. 2015.   ENGAÑA(Poblado de La Engaña en la boca sur).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Hague. 31,5 x 40 cm. 2015.
  ENGAÑA (Playa de vías del Santander-Mediterráneo).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Olmo. 36,3 x 48,5 cm. 2015.   ENGAÑA (Playas de vías del Santander-Mediterraneo).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame elm. 36,3 x 48,5 cm. 2015.
  ENGAÑA (Funeral).  Sangre mía sobre papel Hahnemühle, marco madera de Eucalipto. 30 x 33 cm. 2016.   ENGAÑA (Funeral).  My blood on Hahnemühle paper, wood frame Eucalyptus. 30 x 33 cm. 2016.